Dos personas que se enfrentan al Corán
Dos personas, dos enfoques: Verse a uno mismo en el espejo del Corán
Están los primeros;
Toman su ablución, abren el Sagrado Corán y comienzan a leer su traducción. Durante los primeros versículos todo va bien. Pero a medida que avanzan las páginas, se dan cuenta de que los versículos tocan su zona de confort. Le echan en cara un error que comete, rompen sus esquemas. El siguiente versículo resulta aún más pesado; sacude la percepción tradicional de la religión heredada de sus antepasados. Otro pone límites a sus intereses, a sus bienes, a sus propiedades y a sus asuntos mundanos. Cuando la verdad resulta pesada, cierran de inmediato la traducción y regresan a esa zona segura donde no cuestionarán su significado: a leer únicamente el texto en árabe. Porque confrontarse requiere valor.
¡Y luego están los otros!
Ellos también abren la traducción del Libro Sagrado… Tan pronto como leen unos pocos versículos, se dan cuenta de que todo lo que creían «correcto» hasta hoy era falso, que la religión que aprendieron contradice la esencia del Corán. No huyen, se enfrentan. Comienzan a cuestionar con entrega. A medida que los versículos penetran en sus corazones como una flecha, reconstruyen sus vidas ola a ola según los principios del Corán. Rompen sus esquemas y caminan a la luz de la revelación. No basta con eso; comparten esta belleza, esta purificación con sus seres queridos. Dicen: «Vengan, corrigamos con el Corán los errores que creíamos verdades«. ¿Pero cuál es su recompensa? Ser excluidos, aislados e incluso tachados de infieles… A pesar de esto, no se desvían de su camino. Esta postura sincera inspira a otros corazones; otros también comienzan a cuestionar, a cambiar. A despecho de quienes los juzgan en nombre de la religión, jamás renuncian a la causa de la verdad ni a renacer con la revelación. A todos aquellos que eligen la verdad y no su comodidad; a aquellos que se aferran al Corán sin temer al reproche del reprochador…
¡Mil saludos!
Mustafa Alpay



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